Las altas temperaturas pueden provocar desde agotamiento hasta golpes de calor potencialmente graves. Especialistas d alertan sobre los síntomas tempranos, los grupos de riesgo y las medidas clave para prevenir una urgencia médica durante las olas de calor.
El calor intenso ya no es una rareza del verano, mucho menos en Corrientes. En muchas ciudades, las jornadas sofocantes se repiten durante varios días seguidos y se combinan con cambios bruscos de temperatura. En ese contexto, el Hospital de Clínicas de la Universidad de Buenos Aires advirtió que no hay que naturalizar ciertos malestares frecuentes en la playa, en la calle o incluso dentro de casa, ya que pueden ser la antesala de cuadros peligrosos como el agotamiento por calor o el golpe de calor.
Ambas condiciones están relacionadas, pero no son iguales. Reconocerlas a tiempo puede marcar la diferencia entre una recuperación rápida y una urgencia médica. En ese marco, explicaron que el agotamiento por calor aparece cuando el cuerpo todavía intenta regular su temperatura, pero empieza a fallar en el intento.

Los síntomas más habituales son sudoración excesiva, debilidad, cansancio marcado, calambres, náuseas, dolor de cabeza o mareos. En los niños pequeños, el cuadro puede manifestarse de otra forma: irritabilidad, llanto persistente, rechazo de la comida o irritación de la piel en zonas donde se acumula el sudor, como el cuello, las axilas o el área del pañal.
Hay grupos que se complican más rápido que otros. Los bebés menores de un año y las personas mayores de 65 requieren vigilancia especial. En los adultos mayores, la sensación de sed puede aparecer tarde o no sentirse con claridad. En los niños, el riesgo aumenta porque dependen de un adulto tanto para hidratarse como para salir de un ambiente caluroso. También deben extremar cuidados quienes tienen enfermedades cardiovasculares, diabetes u otras condiciones crónicas, ya que su organismo puede tener menor capacidad de adaptación al calor.

Prevención: hábitos simples que salvan
Para atravesar una ola de calor sin sobresaltos, la clave es no esperar a tener sed para hidratarse. En adultos, se recomienda ingerir alrededor de dos litros de agua por día, distribuidos. En bebés, ofrecer el pecho con mayor frecuencia. También es fundamental permanecer en ambientes frescos y ventilados y evitar el sol directo durante las horas centrales del día, especialmente entre las 10 y las 17.

La elección de la ropa también influye: prendas claras, livianas, sueltas y de algodón facilitan la transpiración. Gorras o sombreros ayudan a reducir el impacto del sol directo. En cuanto a la alimentación, conviene priorizar comidas livianas y con alto contenido de agua, como frutas y verduras, y dejar para otro momento los platos pesados. Si se realiza actividad física, lo más seguro es hacerlo temprano por la mañana o al atardecer, y reforzar la hidratación antes, durante y después.
