Dormir mal te está enfermando: el impacto del sueño en la salud

Investigaciones científicas revelaron que la falta de descanso adecuado afecta el corazón, la creatividad, el estado de ánimo y el desarrollo infantil. Especialistas advirtiron sobre el uso excesivo de pantallas y los cambios conductuales postpandemia.

Dormir pasó de ser un hábito cotidiano a convertirse en un factor de preocupación. Estudios publicados entre 2024 y 2025, incluidos trabajos argentinos sobre trastornos del sueño en niños, adolescentes y jóvenes, coincidieron en un punto: dormir mal está enfermando a la población.

Asimismo, el médico del Instituto de Cardiología de Corrientes explicó el Dr. Alejandro Amarilla, explicó que “el cerebro se limpia de noche; durante el sueño profundo elimina toxinas, procesa emociones y reorganiza ideas. La creatividad aparece justamente en esas fases profundas donde el cuerpo se recupera”.

El sueño que enferma: qué dice la ciencia

Argentina atraviesa una crisis silenciosa de sueño, especialmente entre adolescentes y adultos jóvenes. Investigaciones publicadas entre 2024 y 2025 muestran que dormir mal no solo genera cansancio, sino que altera funciones cognitivas esenciales, aumenta la ansiedad y hasta eleva en más del 20% el riesgo de enfermedades cardíacas.

A ello se suma un factor cada vez más evidente: las pantallas, que por su luz azul retrasan la hormona del sueño y modifican los ritmos cardíacos y metabólicos. El problema no es solo el insomnio. Es que la gente se va a dormir con el teléfono en la mano. Eso altera la calidad del sueño y, por ende, la salud del corazón, sostienen los especialistas.

Roncar no es normal: afecta la atención y el rendimiento escolar

Un estudio argentino publicado en Archivos Argentinos de Pediatría 2025 analizó a 831 adolescentes de La Pampa para investigar cómo los trastornos del sueño, desde el ronquido habitual hasta la apnea obstructiva, impactan en la función cerebral.

Los resultados arrojaron lo siguiente:

  • 10% de los adolescentes eran roncadores habituales.
  • 8% tenía riesgo de apnea obstructiva del sueño.
  • Quienes roncaban cometían más errores de atención y tenían mayor impulsividad en pruebas ejecutivas.

Los investigadores concluyeron que “el ronquido habitual debe ser un signo de alerta, incluso sin apnea, porque compromete el aprendizaje y la conducta”. 

Sueño y salud mental: ansiedad, irritabilidad y caída del rendimiento

Otro trabajo, también argentino, analizó la relación entre higiene del sueño postpandemia y síntomas de ansiedad. El paper marcó las siguientes tendencias:

  • El 65% de los jóvenes revisa el celular antes de dormir, lo que retrasa hasta 40 minutos la conciliación del sueño.
  • La privación crónica de sueño aumenta la irritabilidad, la rumiación mental y los pensamientos ansiosos.
  • Asimismo, los cambios pospandemia (clases virtuales, horarios alterados, menor actividad física) desordenaron el ritmo circadiano en adolescentes.

Uno de los autores señaló: “La deuda de sueño se convirtió en un problema de salud pública en jóvenes. La mitad duerme menos de 7 horas cuando debería dormir entre 8 y 10”.

Dormir entre las 22 y 23 reduce un 25% el riesgo cardiovascular

Investigadores del Hospital Italiano de Buenos Aires, analizando datos de cohortes internacionales, confirman una relación sólida entre el horario de sueño y la salud del corazón: irse a dormir entre las 22 y las 23, de manera consistente, reduce hasta un 25% el riesgo de enfermedades cardíacas.

Acostarse después de medianoche aumenta la presión arterial y eleva marcadores inflamatorios. La falta de sueño deteriora el sistema inmune y acelera el envejecimiento celular.

Por lo tanto, los especialistas sostienen que el corazón necesita que el ritmo circadiano esté ordenado. La noche es un regulador natural. “Si la desordenamos, el cuerpo paga las consecuencias”, indicaron.

¿Por qué dormimos peor? Las pantallas, el estrés y los cambios de hábitos

Los especialistas coinciden en tres causas principales:

Exposición excesiva a pantallas

  • Reduce la melatonina entre un 30% y un 50%, según estudios europeos y locales.

Estrés postpandemia

  • Aumentó la ansiedad, la hiperactivación mental y las dificultades para conciliar el sueño.

Ritmos sociales desordenados

  • Jornadas laborales extendidas, trasnochar, uso del celular en la cama.

Recomendaciones de especialistas: cómo mejorar el sueño

  • Evitar pantallas al menos una hora antes de dormir: la luz azul es uno de los principales disruptores del sueño.
  • Mantener horarios regulares: irse a dormir todos los días a la misma hora estabiliza el ritmo circadiano.
  • Actividad física diaria: mejora la calidad de sueño profundo y reduce ansiedad.
  • Reducir cafeína y alcohol por la noche: ambas sustancias fragmentan el sueño y alteran la fase REM.
  • Ventilación y temperatura baja en la habitación: el cuerpo necesita frío para inducir sueño profundo.
  • Resolver el ronquido: si un niño o adolescente ronca, debe ser evaluado: puede ser un indicador de apnea o déficit ejecutivo.