
Alejo Arias González, un joven mendocino de 27 años, fue detenido en 2023 acusado de integrar una banda criminal. Tras dos años en duras cárceles salvadoreñas, logró recuperar su libertad gracias a gestiones diplomáticas.
La política carcelaria del presidente Nayib Bukele en El Salvador es conocida por su dureza. Con prisiones que funcionan como símbolo de su lucha contra el crimen organizado, miles de personas han sido encarceladas bajo un sistema fuertemente cuestionado por organismos internacionales. Entre ellos estuvo Alejo Arias González, un joven argentino que pasó dos años tras las rejas y fue liberado esta semana.
La historia de Alejo comenzó en julio de 2023, cuando fue detenido en El Salvador acusado de pertenecer a una presunta banda criminal colombiana dedicada al lavado de dinero. El joven, nacido en Rivadavia, Mendoza, había emigrado en busca de mejores oportunidades y trabajaba como empleado administrativo en una financiera. Sin embargo, esa empresa fue desmantelada por las autoridades, y Alejo quedó detenido junto a otros 109 sospechosos.
Desde entonces, enfrentó una prisión preventiva bajo graves acusaciones como asociación ilícita, estafas, lavado de activos y extorsión, sin posibilidad de comunicarse con su familia ni recibir visitas.
El juicio y la liberación
Gracias a intensas gestiones de la Cancillería Argentina y del cónsul argentino en El Salvador, Sergio Iaciuk, se logró avanzar en un juicio abreviado que permitió su liberación. Alejo admitió responsabilidad como parte del acuerdo judicial, y se le conmutó la pena por el tiempo ya cumplido en prisión.
Su abogado, Miguel Ángel Pierri, confirmó la liberación y explicó que el proceso se manejó con absoluta reserva por cuestiones de seguridad. “El trato consular fue correcto, Alejo contó con atención psicológica y nutricional durante su detención”, señaló.
Un regreso cargado de emoción
Alejo fue recibido por su familia en el Aeropuerto de Ezeiza durante la madrugada del jueves 5 de junio, y más tarde regresó a su provincia natal, donde lo esperaban amigos y allegados. “Estoy muy agradecido con mi país, que nunca me abandonó. Fueron años muy difíciles, pero ahora quiero dar vuelta la página”, expresó conmovido.
También destacó el reencuentro con sus padres como uno de los momentos más emotivos de su vida: “Ver a mi papá y a mi mamá después de tanto tiempo fue una emoción que no se puede explicar”.
Durante su detención, Alejo estuvo primero en El Penalito, una comisaría de paso, y luego fue trasladado al Centro Penal de Jucuapa, en el departamento de Usulután, a 200 km de la capital salvadoreña. Allí, vivió aislado y sin contacto con el exterior, según denunció su familia.
La lucha de una familia
Sandra González, madre de Alejo, había reclamado en varias ocasiones que su hijo no sabía que la empresa donde trabajaba era ilegal y que solo buscaba juntar dinero para estudiar radiología en Argentina. “Solo quería quedarse seis meses y volver. No pudo defenderse ni explicar que era un simple empleado”, lamentó.
Un final feliz tras meses de incertidumbre
La noticia de su liberación fue difundida por su abogado a través de redes sociales. “Operación libertad: trabajo en silencio, muy profesional”, escribió Pierri en su cuenta de X el miércoles por la noche. Al día siguiente, compartió una foto junto a Alejo ya en suelo argentino.
El caso de Arias González pone el foco en las consecuencias humanas de las políticas de encarcelamiento masivo y en la importancia del rol diplomático para proteger a los ciudadanos argentinos en el exterior.
